¿Huida o presencia?
¿Cancelamos personas o transformamos vínculos?
El otro puede equivocarse: ¿Dónde dibujás tu límite?
Vivimos en la era de "descartar" lo que nos incomoda. Si algo no me gusta de vos, te bloqueo o me alejo sin decir nada. Eso es miedo al conflicto, no es evolución.
Todos somos el "malo" en la historia de alguien.
A veces nos equivocamos por falta de herramientas o por desconocer la manera en que el otro quiere ser tratado, no por falta de amor.
Creo en la palabra.
En decir: "Esto que hiciste me dolió, ¿podemos ajustarlo?". Si hay voluntad de ambas partes, el vínculo se transmuta, no se rompe.
Cada vínculo es un espejo.
Si corto el espejo apenas me muestra algo que no me gusta, me pierdo la oportunidad de sanar esa parte en mí. Dar una oportunidad al otro es, en el fondo, darnos una oportunidad a nosotros mismos de ser maestros y alumnos.
Si el otro recibe la información, la comprende y elige cambiar, el vínculo se fortalece.
Si el otro, ante tu asertividad, elige el ego, entonces el límite de tolerancia llegó a su fin.
Pero te vas con la paz de haberlo intentado.
¿Y vos?
¿Sos de los que dan una oportunidad y prefieren hablarlo, o sentís que a la primera falla es mejor cortar por lo sano?